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  "Mi alma está muy triste, hasta la muerte". (Mc 14:34) Hace unos años, un conocido médico pediatra, contó a una revista importante sobre su rutina y sus vivencias en un hospital público donde había trabajado durante 30 años. Al pasar por la guardia de camino a su consultorio, vio a una madre sentada, abrazando a su hijo enfermo. El nene estaba dormido, con la cabeza sobre su pecho. La madre lloraba desconsoladamente. Este doctor, que la había atendido varias veces, se acercó y le preguntó si necesitaba algo. Y la mujer le respondió, sin moverse, sin dejar de abrazar a su hijo: —No necesito nada. Solo estoy triste. —Pero dejeme ayudarla ¿qué es lo que tiene su hijo? —Mi hijo está bien. Solo soy yo y mi tristeza. Estoy triste doctor y no hay nada que pueda hacer por mí. — —Seguro que algo puedo hacer por usted y su hijo para que deje de llorar. — Ella lo miró con una mezcla de ternura y cansancio, y le dijo: —es que no quiero dejar de llorar —. El doctor no supo qué respon...

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