La mesa de Dios - reseña #1
Reseñas cortas acerca del libro.
#1
La mesa de Dios, mi primer libro. Un gran logro para mí. Empezó mientras anotaba cosas, ideas, pensamientos, tratando de responder ciertos huecos internos que tenía, preguntas o incluso afirmaciones propias con las que había convivido siempre.
El mirarse honestamente y filtrar todo lo que uno piensa y cree con respecto a Dios, por ejemplo, puede llevar a uno al completo desastre.
Y digo desastre no porque eso lo vaya a arruinar a uno. Pienso que, al contrario, puede volverse una tremenda experiencia esto de reveer constantemente lo que uno cree y piensa con absolutamente todo. En mi caso, me llevó a reformularme, a cambiarme. Pienso que aún hoy, sigo en ese proceso.
Lo que hice al final fue recopilar lo que había escrito, producto de una retrospección dolorosa pero muy satisfactoria, porque ¿qué hay mejor que sentirse pleno con uno? convencido que lo que se piensa se piensa por sí mismo, y no porque otro lo metió a la fuerza. Pero claro, si no se pierde el miedo a lo que los demás piensen de nosotros entonces siempre vamos a estar en el mismo lugar, incluso con esos pensamientos que nos contradicen por dentro, negados a desafiarlos por temor a las consecuencias, y esto puede pasar, incluso, en nuestro círculo más íntimo de allegados.
Así que ahora no es que me crea escritor ni nada de eso. Es una gran palabra eso de ser: escritor.
Lo que hago ahora es pensar, porque antes no pensaba nada y solo aceptaba. Que lindo es aceptar pero solo lo que se ha pensado con anterioridad.
Lo que van a encontrar si leen el libro, es una reflexión personal sobre lo que creemos acerca del propósito por el que estamos vivos.
Hay días en los que me levanto sin ganas de hacer nada. Con una angustia desconcertante y sin ninguna razón aparente de tenerla, la sensación de que nada de lo que hago tiene sentido ¿Para qué voy a trabajar? ¿Para qué me voy a levantar de la cama?
Está bien que todos podamos aceptar que convivimos, en menor o mayor parte, con un poquito de ese sinsabor. En mi caso aparece de a ratos. Días en los que me siento allá arriba, capaz de todo; días en los que pienso que podría tirarme en el sillón , viendo como se va la vida, incapaz de reaccionar.
Me propuse resolver este laberinto emocional, psicológico, espiritual o lo que sea que fuese. Creyendo que si por lo menos logramos tener una respuesta del "por qué", el "cómo" se hará un poco más liviano.
¿Nuestra vida tiene un propósito? ¿Será que ese hueco en el pecho es un grito interno? La señal de que no estamos completos, y que necesitamos la respuesta de algo que nunca nos preguntamos.
¿Entonces tengo la respuesta? Qué soberbio. Creerme con la respuesta a una de las preguntas que más dolores de cabeza le ha dado a tantos pensadores y filósofos. Claro que no tengo una respuesta irrefutable y definida. Lo que sí tengo es ganas de encontrarla, y en este camino de buscar, me mantengo abierto a todo y a todos, mientras intento formar esa idea de vida que logre darme una respuesta que me satisfaga. Que me permita vivir con un propósito, con un por qué.
Quedan invitados a leerme. Este libro no es más que el aporte que hago al que esté en la misma que yo. Buscando.
Le puse la mesa de Dios, porque no podía imaginar un mejor lugar para hablar de todas estas cosas, que sentados en una mesa donde nadie pudiese juzgarnos por lo que pensamos o decimos, siendo valorados como iguales, respetados ¿Qué otra mesa sería si no fuese la mesa ideal, la mismísima mesa de Dios?
Y acá se habla sin tabúes. Perdiendo el miedo a lo que digan o piensen de nosotros, porque al final, ¿le debemos algo a alguien? Qué gran desastre sería el mentirnos a nosotros mismos, condenándonos a pensar y a ser lo que no queremos.
Vengan y siéntense conmigo en este lugar de libertad y respeto. Donde la unidad se puede formar a pesar de las diferencias y las distinciones. Donde nadie exige al otro que se amolde a sus prejuicios y en donde cada uno puede desnudar su mente, mostrar su vulnerabilidad, para poder encontrar esa respuesta, esa cosa que se busca desde siempre, aún sin saberlo.
Porque ¿Qué otra cosa queremos todos, que sentirnos felices con nuestra vida?
Los veo en la mesa.



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